Prohibido enfadarse durante el confinamiento

Noemí Álvarez Díez, alcaldesa de La Pola de Gordón, en un video emitido por Antena 3 Noticias el pasado 20 de abril.

Un diario digital argentino, de Rosario, la tierra de Messi, titulaba hace unos días: “Una intendente decretó la prohibición de enojarse durante la cuarentena”. El bando de la alcaldesa de La Pola de Gordón (León), que prohíbe “terminantemente” enfadarse a sus poco más de 3.200 vecinos, ha recorrido, a golpe de click, miles de kilómetros. Efectos de la globalización.

Puede parecer una ocurrencia. Sin embargo, las redes sociales y los medios de comunicación ‘han comprado’ el documento firmado por Noemí González Díaz como estandarte de esa mirada positiva, amable que tanto necesita la sociedad. Es un ejemplo, sin validez legal, de un representante público que apuesta por “abrir una época de magia, de trabajo en equipo” para hacer más sostenible la convivencia hasta que la Covid-19 nos permita volver a la normalidad.

Propone que “esta etapa rompa con todos nuestros viejos defectos y abra paso a un mundo diferente. Queremos abrir las puertas al futuro, a la inocencia, a la alegría. Queremos abandonar el egoísmo y cambiarlo por la solidaridad y el bien común”.

Contenido íntegro del bando municipal en el que la alcaldesa decreta la prohibición de enfadarse durante el confinamiento a sus vecinos.

La alcaldesa no deja espacio a la improvisación. “En lo que queda de confinamiento está terminantemente prohibido enfadarse. Todo se arreglará con la buena intención de las partes, sonrisas, abrazos y muchos besos, que para eso estamos en familia”.

Por los niños

Y todo, por los niños. “Son tesoros de nuestra sociedad”, por lo que pide a sus vecinos que cuando “les miremos la magia hará que solo veamos esperanza y buenos presagios, dulzura y cariño”.

“Debe ser un período en el que nuestros niños siempre recordarán que sus padres estuvieron con ellos, con ganas de jugar, leer, ver una peli, disfrutar”, en definitiva.

El día después

La alcaldesa de La Pola de Gordón no se olvida del día después. Cuando se acabe el confinamiento, algo cada vez más cercano, decreta que “será obligatorio recordar cada noche cuánto deseamos pasear, abrazar, tomar un café con amigos, disfrutar de la primavera en nuestros montes con nuestros hijos. Recordaremos cada mañana que la vida puede cambiar en un segundo y no siempre para mejor”.

Concluye con un mensaje: “Saborearemos cada nota musical en compañía, cada mirada amable, cada sonrisa”. ¡Carpe Diem!

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