Jabón en pastilla para lavarnos las manos

El olor a jabón entra en nuestro cerebro para transportarnos inmediatamente a un lugar fresco y limpio. La pandemia causada por el coronavirus nos ha dirigido hacia el uso recomendado del jabón para lavarnos las manos.

Los jabones artesanales y naturales, con ingredientes biodegradables, pueden ayudarnos a sortear la propagación de la covid-19 y además constituyen un artículo de primera necesidad que también aporta agradables sensaciones y aromas exquisitos.

El jabón nos recuerda a un lugar fresco y limpio.

Hoy en día podemos añadir a la cesta de la compra el jabón natural en pastillas (y sin envases) con diferentes fragancias y propiedades.

Las jaboneras vuelven a nuestras casas con tanta presencia como el tacto agradable de un buen jabón con materia prima como la manteca de carité, el aceite de oliva, el laurel y numerosas hierbas y flores que crean un bálsamo para nuestros sentidos y nos alejan de las pandemias. 

Composición múltiple

Aceite hervida con potasio resina y sal. Aceite de oliva y aceite de laurel. Natrón, tierra de batán y altramuces. Grasa de cabra y cenizas de abedul. Cenizas de haya y grasa de jabalí. Potasa, álcali, aceite de sésamo y limón. Aceite de oliva, agua del Mediterráneo y sosa cáustica proveniente de cenizas de laurel. Tequesquite y diversas plantas aromáticas.

Son múltiples las combinaciones tradicionales para elaborar jabón, pero la tendencia actual es evitar el origen animal de las grasas y sustituirlo por un origen vegetal combinado con flores como la lavanda o las rosas.

Según publica la Universidad Autónoma de México, “todo comienza con las grasas de origen animal o aceites vegetales que se transforman en jabones. No es cuestión de magia: Esto se llama química, e implica una reacción muy sencilla denominada saponificación (WADE, 2004). Un jabón contiene las sales de sodio o potasio de los ácidos grasos, producto de la mezcla de un cuerpo graso (triglicéridos con un álcali, que puede ser hidróxido de sodio o de potasio)”.

El jabón de Alepo es uno de los más antiguos.

Jabones por el mundo

El poder del jabón es maravilloso. Combinado con el agua y bien utilizado, mata a virus tan especiales que en realidad no están vivos pero que se deshacen en cuanto el jabón disuelve la membrana de grasa que los protege.

El jabón ya era tan poderoso en los inicios de la televisión que sus fabricantes patrocinaban las telenovelas en Estados Unidos y por eso se las conoce como soap operas.

Hay jabones que flotan en el agua desde 1879 como el conocido jabón Ivory y otros que deseaban recrear al heno recién cortado, como Heno de Pravia, creado a principios del siglo XX en el pueblo asturiano del mismo nombre. España cuenta a su vez con los históricos Jabones de Castilla, fundamentados en el aceite de oliva.

Muchísimos países y territorios cultivan `el buen hacer´ del jabón, como la pastilla negra africana de Ghana, el jabón francés Amoa, el sirio de Aleppo, el italiano Sapore di un Tempo, el griego Snob Duck, el portugués Santa Clara, el inglés Bentley Organics o el John Master Organics de USA.

El jabón se inventó hace más de 4.000 años.

Un poco de historia

La leyenda dice que el jabón fue descubierto en Roma por las mujeres que lavaban ropa en la aguas del río Tíber, a los pies del monte Sapo (de ahí viene la palabra sapone, jabón en italiano):

En la cima del monte Sapo se ofrecían sacrificios de animales a los dioses. La grasa animal, mezclada con las cenizas, era arrastrada monte abajo por las lluvias y se mezclaba con otros materiales del suelo arcilloso; y las mujeres constataron que sus manos y la ropa quedaban más limpias en esa zona.

Presumiblemente, el jabón se inventó hace más de 4.000 años: En Mesopotamia se encontraron tablillas de arcilla sumeria que mencionaban las mezcla necesaria para su elaboración y su uso medicinal.

En Egipto fabricaban jabones con altramuces machacados.

La ciudad de Alepo, en Siria, fabrica su famoso jabón desde 1.500 a.C. Por la misma fecha también fabricaban en Egipto jabón con altramuces machacados remojados en agua de lluvia.

Hacia 1.200 a.C. los fenicios utilizaron para su fabricación plantas halófitas (plantas que viven en las salinas), y los celtas utilizaron las cenizas de abedul allá por el año 900 a.C. Siguieron los griegos y etruscos, los pueblos germanos y galos,  y Arabia en el siglo III a.C.; y más adelante en Al Andalus, Castilla, Marsella, México y Guayaquil.

Hoy en día, en el año 20 del siglo XXI, tenemos la posibilidad de lavarnos las manos correctamente cantando alguna canción durante al menos 60 segundos y siempre con un buen jabón natural.

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