Un mundo más pequeño

Hace más de 25 años, prácticamente en otra vida, conocí a un grupo internacional de jóvenes apasionados, curiosos, optimistas, sociables y, por qué no, algo asustados.

En 1994, un grupo de jóvenes de distintos países llegaron a España para hacer voluntariado. ©AEC

Venían de sitios tan dispares como Nueva Zelanda, India, Finlandia, Brasil o Estados Unidos, y su destino era España, país al que llegaron para hacer un año de voluntariado.

En esa época yo vivía en Madrid y trabajaba en Actividades Educativas Culturales, la asociación que buscaba proyecto y alojamiento para cada uno de estos muchachos.

No era un trabajo sencillo, confieso, porque no siempre los emparejamientos funcionaban, a veces el trabajo asignado no era el esperado, a veces la falta de adaptación era simplemente una cuestión del carácter de la persona…

Pasado el año, la mayoría regresó a su país, algunos se quedaron viajando por Europa e incluso hay quien echó raíces en España.

El año compartido dejó huellas imborrables ©Steven Oates

Y llegó la pandemia. Y con ella los confinamientos, las videollamadas y los reencuentros de los que hemos hablado a veces en esta página.

A este grupo internacional también le llegó su reencuentro.

Lo que nos unió

Ocurrió hace dos semanas. Ponernos de acuerdo no fue sencillo, sobre todo por la diferencia horaria. ¡Estamos todos repartidos por el mundo!

Menos mal que Lalima, nuestra amiga de India que vive desde hace años en Singapur, se encargó de organizarlo.

Ella fue nuestra anfitriona en Zoom y la que se ocupó de fijar una hora que nos conviniera a todos: las 11 de la noche para Steven en Nueva Zelanda; las 7 de la tarde para ella desde Singapur; la 1 de la tarde para quienes estaban en el horario de la España peninsular y otros países europeos; las 8 de la mañana para Emilia desde Argentina; o las 7 de la mañana para los que estamos en la costa este de Estados Unidos.

Y así nos volvimos a ver las caras, más de dos décadas después, unos con una taza de café y otros con una copa de vino, todos con mucho entusiasmo.

No fue fácil acordar una hora para la conexión ©Steven Oates

Después de saber que a ninguno nos ha afectado el coronavirus en cuanto a la salud personal, enseguida empezamos a recordar anécdotas de cómo fue su llegada a España, sus primeras impresiones, las dificultades para manejarse con el idioma, lo que más echan de menos.

Nuestro presente

No todo fue un ejercicio de nostalgia.

También nos pusimos al día sobre lo que hacemos y lo que ha sido de nosotros.

Conocimos a la hija de Logan, en Ohio, y a una de las hijas de Jaime, en Barcelona. Supimos que Kamal, de India, nunca se fue de España. Se casó con una española y tiene una hija de 15 años.

Emilia, desde Argentina, nos contó que la cuarentena ha hecho que su relación de pareja con un chico alemán pase a ser “algo complicado”, como dice uno de los estatus de Facebook.

Les hablé de mi periplo por distintas ciudades hasta aterrizar en Miami y nos dimos cuenta de que el más viajero es Steven, que en estos años nos ha visitado a varios de nosotros y siempre en lugares diferentes.

No sé si de no haber existido la pandemia hubiéramos tenido alguna vez un reencuentro tan especial.

Solo sé que el tiempo que duró la conversación el mundo se hizo más pequeño y mucho más bonito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: