El amor y un árbol en el desierto

El amor por la vida puede llamar la atención del mismísimo Eros cuando se consigue parar un desierto. La historia de Yacouba Sawadogo no es una leyenda ni pertenece a mitología alguna, pero es tan increíble como las aventuras del dios griego.

Yacouba Sawadogo*

A Yacouba Sawadogo, de 78 años, se le conoce como “el hombre que detuvo el desierto”. Sawadogo frenó el desierto que había creado la acción humana en su tierra natal, en Burkina Faso (África), amando y plantando árboles en una zona desertificada que volvió al color verde, al oxígeno y a la regeneración.

Como un dios que apuesta por la vida y por el amor, plantó árboles y distintos productos agrícolas durante décadas, desde los años 80, hasta conseguir transformar unas tierras estériles en un bosque de más de 25 hectáreas donde conviven más de 60 especies de árboles y arbustos.

En 2018, Yacouba Sawadogo recibió en Suecia el premio Right Livelihood, un galardón conocido popularmente como el Nobel Alternativo.

«No sabría decir exactamente cuántas miles de personas murieron por la sequía, pero fueron muchas. La falta de agua provocó la escasez de alimentos, y muchos dejaron sus hogares para sobrevivir», explicó días antes de recibir su premio en Estocolmo.

Existe un documental, producido por la británica 1080 Films y fechado en 2010, que cuenta su trabajo y su influencia en los agricultores del Sahel, que al principio lo tomaron por loco. Posteriormente también documentaron su labor Nat Geo o el productor Mark Dodd.

Habían muerto miles de personas por las sequías y las consiguientes hambrunas, pero él continuó plantando y enseñando a quien quisiera aprender la técnica del zaï.

La técnica del zaï se utiliza en distintas regiones del planeta con buenos resultados.  Consiste en excavar pequeños hoyos o pozos (de entre 10 y 20 centímetros de profundidad y 20 y 30 de diámetro) durante la estación seca para luego rellenarlos con residuos agrícolas o estiércol. Después de las primeras precipitaciones, cada pozo se cubre con una fina capa de suelo. En el centro se colocan semillas de sorgo o mijo, por ejemplo.

Eros es el dios griego del amor y la atracción sexual. Su  historia de amor con Psique (alma) es una de las más bellas de la mitología. Y también es venerado como dios de la fertilidad.

El Sahel, en el centro de África, sigue siendo una de las zonas más secas del planeta pero, afortunadamente, las manos de agricultores como Sawadogo lanzan sus flechas hacia las entrañas de la tierra con dedicación, esfuerzo y amor por la vida.  

*Fotos recogidas de publicaciones de distintos medios de comunicación

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